Conociendo un poco más del Ébola

 

Colaboración del Colegio de Farmacéuticos de Puerto Rico

Autor: Frances M. Colón Pratts; Doctora en Farmacia

Colegiada y Miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Farmacéuticos -Delegada del Área Sur

En la actualidad se han identificado cinco especies o tipos de virus que causan la infección de ébola. Sin embargo, uno de ellos, la especie llamada Reston, no ocasiona signos y síntomas en humanos. El ébola se presentó por primera vez para el año 1976 y, hasta ahora, la mayoría de los casos se han limitado al continente de África. El brote de 2014 es considerado el más grande de la historia.

El 30 de septiembre de 2014 se reportó en los Estados Unidos el primer caso de ébola: una persona que viajó de África al estado de Texas. Dos profesionales de la salud a cargo del cuidado de este paciente también fueron diagnosticados con el virus. Un cuarto caso fue confirmado en el estado de Nueva York, en un profesional de la salud que viajo de África en donde servía como parte del cuerpo de Médicos Sin Fronteras. De estos casos se reportó: una muerte, dos mejorías y uno de ellos aún se encuentra bajo observación.

Aún no se sabe con certeza qué animales podrían ser portadores u hospedan el virus del ébola y son capaces de infectar a otras especies (por ejemplo monos), sin infectarse a sí mismos.  El murciélago se encuentra primero en la lista de sospechosos. Hasta estos momentos, no existe evidencia de que las moscas y los mosquitos sean transportadores o vectores del virus.

Los científicos creen que uno de los primeros pasos en la cadena de transmisión del ébola, es el contacto de un humano con los fluidos corporales o sangre de un animal infectado (ej. monos o murciélagos). Esto es seguido de la transmisión entre humanos. En África los animales, como los monos, se cazan y luego su carne se prepara para ser consumida. Aquellas personas que tiene contacto, manejan o comen la carne de un animal infectado podrían contagiarse con ébola.

La transmisión de humano a humano podría ocurrir a través del contacto directo con la piel, sangre o fluidos del cuerpo como: la flema, lágrimas, moco, saliva, orina, sudor, leche materna, secreciones vaginales, semen, vómitos, heces fecales o excreta y/o sangre de una persona que está infectada con ébola. La persona sana podría infectarse al exponer una herida o apertura en la piel o una membrana mucosa (nariz, boca, ojos, entre otros) a la sangre o fluido corporal con virus de una persona infectada. Los enfermos pueden infectar a una persona sana, desde la aparición o inicio de los síntomas hasta luego de su muerte. En aquellos que han muerto a causa del ébola, se ha observado un nivel alto de virus en la sangre, por lo tanto estos cuerpos son altamente contagiosos.

Otra manera de contraer el virus podría ser a través de la punción, incisión o pinchazo, por accidente con agujas, jeringuillas u objetos contaminados por el virus. El Center for Disease Control (CDC) indica que el virus del ébola podría mantenerse en superficies u objetos contaminados por un periodo de horas o días. Sin embargo aún se desconoce realmente si esto constituye un alto riesgo.

La transmisión a través del aire o por contacto sexual no ha sido demostrada aún en humanos. Sin embargo, el virus podría permanecer aproximadamente tres meses en el semen en aquellos pacientes que se han recuperado, por lo que se recomienda la abstinencia por este periodo de tiempo. De no ser posible el abstenerse, se recomienda el uso del condón.

Las personas que se encuentran a mayor riesgo de contraer esta infección mortal son familiares o conocidos que cuidan de pacientes infectados y desconocen este diagnóstico, ya que pudieran estar cuidándolos sin el material de protección adecuado.  Otra población en riesgo son aquellos proveedores de la salud en contacto directo con pacientes infectados que no estén utilizando el equipo o material de protección apropiado. El equipo utilizado en pacientes con ébola debe ser desechable (ej. agujas y jeringuillas), siempre que sea posible. Si los instrumentos no son desechables deben ser esterilizados o desinfectado adecuadamente.

Algunos síntomas que podría experimentar una persona infectada son: fiebre (en ocasiones mayor de 100.4 ̊F o 38 ̊C), dolor de cabeza, malestar general, dolor muscular, dolor de articulaciones o coyunturas, debilidad, fatiga, diarrea, náuseas, vómitos, dolor de estómago, pérdida de apetito, sangrado sin razón (moretones, puntos rojos en la piel o petequias, sangrado de heridas, sangrado de la nariz, la boca, sangre en orina, sangre en excreta o heces fecales, sangre en vómitos, entre otros). Estos síntomas usualmente tienen un comienzo abrupto o de repente y podrían aparecer de dos a veintiún días de estar expuesto al virus. El sangrado no ocurre en todos los pacientes y usualmente ocurre en los últimos días de la infección. Otros síntomas o signos que podrían observarse son: disminución en los latidos del corazón, tos no productiva o tos seca, rash o sarpullido en la cara, cuello, brazos o cuerpo y/o pérdida de peso. Además, los pacientes podrían presentar disminución de fluidos o líquidos en el cuerpo (debido al sangrado, diarreas, vómitos, entre otros). Si no hay suficiente flujo de sangre o de líquidos en el cuerpo no llegan suficientes nutrientes a los tejidos y órganos como el corazón, pulmones, riñones, entre otros. Esto podría resultar en un aumento en la respiración, disminución en la presión sanguínea, falta o ausencia de orina, delirio, coma o muerte.

La infección con el virus del ébola podría causar la muerte en un gran número de personas que la padecen. En estos pacientes los signos y síntomas son severos, incluso al comienzo de la infección, y progresan dañando varios órganos y funciones del cuerpo. La muerte puede ocurrir dentro de seis a dieciséis días de la aparición de los síntomas.  Sin embargo, algunos pacientes podrían sobrevivir a la infección. En estos casos se observa una mejoría alrededor de seis días luego del inicio de los síntomas. La recuperación podría depender del manejo y del sistema inmunológico (el sistema de defensa) del paciente. Las personas que sobreviven a esta infección desarrollan defensas en su cuerpo (anticuerpos o inmunidad) que podría durar aproximadamente diez años. Se desconoce si una persona que haya desarrollado defensas para un tipo o especie específica de ébola podría ser infectada con otro tipo o especie. Estas personas podrían presentar dolor en las articulaciones o coyunturas, problemas de visión, pérdida de cabello e inhabilidad para recuperar el peso perdido, luego de su recuperación.

Actualmente, no existe una vacuna para prevenir o terapia específica para tratar la infección. Sin embargo, dos vacunas y varias terapias para el tratamiento están siendo estudiadas.

Los síntomas son manejados con distintos acercamientos, entre ellos: proveer fluidos por vena, mantener un balance de las sales del cuerpo (conocidas como electrolitos), mantener una buena oxigenación y presión sanguínea y tratar cualquier otro tipo de infección que se presente. También se trata la fiebre, náusea, vómitos, diarreas, dolor o sangrado.

Las personas o profesionales de la salud que se encuentren en una área donde se han reportado brotes de ébola o se encuentren en contacto con un paciente debe tener buenas prácticas de higiene (lavarse la manos con agua y jabón, utilizar antisépticos o desinfectantes para manos que contengan alcohol, evitar el contacto con sangre, fluidos

corporales, superficies u objetos contaminados sin utilizar el equipo de protección adecuado, entre otros). Se debe evitar el contacto o el manejo de animales que pudieran estar infectados (ej. murciélagos y monos). Se debe evitar el contacto directo y sin protección con los cuerpos de las personas que han muerto a causa del ébola.

Las personas que viajan de una área en donde se han reportado casos, deben monitorearse o ser monitoreados por veintiún días luego de su regreso. Al detectar un paciente con posibles signos y síntomas, este debe ser aislado de otros pacientes y ser monitoreados y/o tratados con precaución, evitando el contacto directo y sin protección con su sangre, fluidos corporales o piel.